
5 mayo de 2026.
Esta es la inspiradora historia de alguien absolutamente dedicado al cumplimiento del deber, por amor al deber mismo...RENOVACION INTERNACIONAL se encontró con un caso bastante peculiar de servicio comunitario voluntario, el de Victor Gutierrez, un bibliófilo amante de los libros y de la causa de un mayor nivel educativo y cultural, quien se ofreció como voluntario durante varios años en una reconocida biblioteca de Tunja, la capital Boyacense.
Durante 10 años, en dicha biblioteca, Víctor llegó puntualmente, cada mañana, como voluntario de tiempo completo, ejerciendo el oficio de auxiliar Bibliotecólogo, sin contrato, sin salario y sin ningún tipo de ansiedad por reconocimiento alguno. Allí en la Biblioteca, con gran paciencia catalogó miles de libros, reparó lomos rotos, organizó archivos olvidados y enseñó a investigar a una generación de estudiantes. Su memoria terminó convirtiéndose en una extensión viva de la inmensa colección de libros. Si un visitante buscaba información sobre la Batalla de Boyacá, literatura universal o filosofía, Víctor encontraba siempre la ruta más rápida, el dato exacto. Bajo su dirección, estudiantes que llegaban al lugar buscando una guía momentánea, encontraron en los libros todo una posibilidad de vida. Algunos entraron a la universidad gracias a sus tutorías gratuitas; otros simplemente descubrieron que su visión de mundo podía ser distinta. Víctor fue muchas cosas al mismo tiempo: bibliotecario sin título, maestro sin aula, guía de jóvenes, pero también, un restaurador improvisado, un electricista de emergencia y hasta carpintero. Incluso si faltaba una herramienta, la improvisaba.
La modestia era su tónica y rehuía de elogios y cámaras. Le gustaba el color negro y pasar desapercibido. Cuando alguien le preguntaba por qué trabajaba gratis, con sencillez respondía: -“Los libros no me pagan, me ilustran y ese Conocimiento es el mayor bien. Me dan también la oportunidad de servir a otros”. En esa sencilla y poderosa frase cabe una forma muy peculiar y poética de entender la vida.
Se acumulan como páginas abiertas los Testimonios:
Doña Gloria, de 72 años, recuerda:—“Víctor me enseñó a usar el computador a los 65. Gracias a él ahora les leo cuentos a mis nietos por videollamada...”
Santiago, de 14 años:—“Yo venía para no estar en la calle. Él me prestó la Coleccion de Agartha y me cambió la cabeza”.
Un día sin embargo, el espacio que ocupaba Víctor amaneció vacío. Su partida no necesitó protocolos ni despedidas oficiales. Fue entonces cuando lectores habituales, niños del club de lectura y compañeros comprendieron, como si se les hubiese dado un súbito golpe, lo que significa perder a alguien que nunca ostentó un gran cargo oficial, pero que silenciosamente, por su propio amor a los libros, sostenía el alma del lugar.
La noticia de su partida llegó teñida de una ironía inevitable: finalmente había sido contratado como auxiliar administrativo en otra ciudad, esta vez con sueldo, prestaciones y el reconocimiento que siempre mereció. Y aunque quienes lo aprecian celebran que por fin pueda vivir dignamente de su oficio, se puede decir que “”. Una funcionaria de la biblioteca lo resumió así: -“Víctor no era solo un trabajador que llenaba un puesto, era el alma, la fuerza activa del lugar. Como si dicho puesto hubiese sido creado para el. Su partida dejo un vacío, ahora la biblioteca lo extraña y los libros lo lloran”.
Su historia conmueve porque ocurre aquí, en medio de una sociedad donde muchos trabajan únicamente por la quincena y donde abundan los cargos sin mérito y las labores hechas a medias. En ese desolador paisaje, Víctor fue anomalía y antídoto. Demostró que el trabajo eficiente y la ética no son un discurso de motivación o para ceremonias, sino una conducta sostenida desde el ser, de forma natural, aun cuando nadie nos esté observando.
Víctor deja más de 2.200 libros catalogados, cientos de textos restaurados y decenas de jóvenes transformados, pero con su partida deja también una pregunta incómoda flotando en el aire:
¿Para quién y porque trabajamos realmente? Lo hacemos por innata vocación y la visión de un mejor país, o simplemente para cubrir una apariencia y ganar un sueldo? ¿Qué queda de nosotros cuando cerramos la puerta por última vez? Cual será nuestro legado? Porque nos recordaran en el futuro?
En estos tiempos de mínimos esfuerzos y máximos reclamos, la historia de Víctor devuelve a palabras como ética, honor, servicio, empleo y vocación, toda su relación, significado y peso original.
A la Biblioteca le queda su ejemplo. A esta ciudad, una deuda pendiente....Y a nosotros, la urgencia de que lo excepcional deje de ser anómalo para convertirse en costumbre. Porque el trabajo hecho con amor no tiene precio, deja una herencia que el tiempo jamás podrá borrar.
Por último queda exhortar a los lectores para que cuando veamos casos de voluntariado social o cultural en nuestra ciudad, nos prestemos a ayudar a estas personas en todo lo que necesiten.
Gracias, Víctor por ese poderoso mensaje de vida!
Edwin Wilfredo López Pulido CorresponsalPD:
Víctor también uno de los primeros en proponer la creación de una Biblioteca Municipal, y siendo esta la hora que la Idea empieza a cobrar fuerza, sugerimos que si finalmente se construye, un pabellón en un homenaje lleve su nombre. Es así como construimos historia.
